Recordar
Estamos planeando, para el próximo fin de semana ir a Querétaro y pensar en esa visita me lleva a recordar otras ocasiones en las que también visité esa ciudad y por lo que veo, creo que me esperan algunas sorpresas.
La primera vez que fui a Querétaro fue hace más de 40 años; era una niña y fueron unas vacaciones en las que mis padres nos llevaron a mis hermanos y a mí a una visita al Bajío. Para ellos era importante, ya que su viaje de bodas lo realizaron a esa región. La primera parada fue en Querétaro. El hotel al que llegamos estaba frente a la plaza principal; recuerdo los árboles podados todos iguales y los grandes roperos que había en las habitaciones. Visitamos, por supuesto el Cerro de las Campanas y la capilla levantada en el sitio de los fusilamientos; pero lo que mejor recuerdo fue la visita al Museo en donde nos enseñaron una gran jeringa que, nos explicaron, había servido para embalsamar a Maximiliano. No sé, hasta el día de hoy, si eso era cierto y si la tal jeringa había, efectivamente, sido empleada para tal efecto. Lo que sí sé seguro, es que a partir de entonces, la historia de Maximiliano y su trágico final, ha ejercido una gran fascinación sobre mí. Cuando ya fui más grande y tuve oportunidad de conocer más al respecto, me convertí en una fanática del tema y así, cuando llegamos, mis alumnos y yo a esa parte de nuestro programa, les cuento todo lo que he podido aprender sobre el tema. Creo que Maximiliano y su historia merece un juicio más apropiado. Como alguna vez leí, es el último gran héroe romántico del siglo XIX, y como tal se comportó hasta el final. Creyó siempre ser un mexicano y se esforzó por serlo y creo que amó más a su nuevo país que muchos otros considerados por nuestra historia, como héroes, amantes de México y nacidos en él.
También Miramón es una figura trágica y digna de un juicio más benévolo y justo. Su historia es también la de una figura romántica que luchó y peleó por sus ideales. El que muchos no estén de acuerdo con esos ideales y que pertenezca al bando que perdió en la gran lucha fraticida, no quiere decir que sea traidor y que no merezca figurar en la galería de figuras históricas mexicanas. Fue cadete del Colegio Militar durante la Guerra del 47 y prisionero de los yanquis; después ha sido el Presidente más joven que ha tenido México; excelente militar que derrotó a los generales Liberales. Sólo pudo ser derrotado cuando los EUA apoyaron a los Liberales a cambio del Tratado Mac Lane – Ocampo al gobierno Liberal. Ese Tratado no entró nunca en vigor porque no fue aprobado por el Congreso estadounidense, pero era más traidor que el apoyo que pudo haber dado en un momento Miramón al Imperio de Maximiliano.
Pero eso pertenece al pasado y todo eso viene a mi memoria con el recuerdo de Querétaro y la primera visita que hice e esa ciudad en mi infancia. La segunda visita fue hace al menos veinte años. Mis hijos eran pequeños y quería contagiarles algo de mi pasión por ese periodo de nuestra historia. Siempre busqué combinar en nuestros paseos y vacaciones, combinar la diversión con el conocimiento, y esta vez no fue la excepción. Pero el Cerro de las Campanas que yo recordaba no era igual. Ahora estaba dentro del Campus universitario y ya no era un prominencia, sino sólo una pequeña colina a la que se ascendía por una escalinata. En el Museo no existía ya la gran jeringa y mi hijo pequeño se aburrió con tantas pinturas.
No sé qué me depare esta nueva visita; voy sin expectativas en ese aspecto, pero sí voy a ir al Cerro de las Campanas en una especie de peregrinación. No sé, pero me parece que mientras más avanza una en la vida, los recuerdos más lejanos se vuelven más cercanos y viceversa. El tiempo los magnifica y los hace más vívidos. Espero que así sea en esta ocasión. Ya les contaré lo que suceda

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